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Ya que insistís tanto en que os cuente el viaje a Italia, lo haré. Os lo iré contando por etapas.
En el primer día, claro está, tenemos el viaje. No tendría nada de especial si no fuera porque era mi primer viaje en avión. Tras llegar a Madrid y comer con Hyrule y la Chef Geller, la Chef me acompañó a Barajas (menos mal, porque imaginad una peli de Paco Martínez Soria en su primer viaje a Madrid: ése pensé que iba a ser yo en Barajas, aunque luego resulta que no es tan difícil). Y llegó el gran momento. Subo al avión, me siento, me pongo el cinturón, y la azafata empieza con su explicación. Pero en esto que va a explicar lo de la mascarilla... ¡y se la cargó! Menos mal que no tuvimos que usarla...

El vuelo muy bien. El despegue es increíble, nunca había estado en un bicho que tuviera tanta aceleración. Y como nos tocó un buen piloto, el aterrizaje fue impecable. Y además como hacía buen día, no tuvimos ni una turbulencia. Vamos, que un vuelo perfecto; menos mal.
Y tras dos horas y algo, llegué a Milán, donde me esperaba Pocho. Y a dormir, que al día siguiente tocaba viaje a casa de Pablo.
Este día tocaba ir al pueblo de Pablo, para desde allí continuar las visitas. Pero como estaba yo un poco hecho polvo, llegué tarde al tren. Pero bueno, como allí hay un montón de trenes, pillé otro a la hora siguiente.
Me encontré con Pablo en Bolonia, y no podíamos desaprovechar la oportunidad de ver esta ciudad; mi primera visita turística. Y es preciosa, hay un montón de edificios chulos y está todo lleno de soportales (que me encantan).
La comida fue muy curiosa: allí hay un montón de sitios de comida rápida, pero es que es tan rápida que sólo la pides, y te la tienes que comer en la calle (o en un parque, o donde pilles).
Dimos por allí una vuelta y nos dimos cuenta de una cosa: como antes (hace siglos) no había coches, y no podías presumir con el vecino a ver quién tenía el más grande, pues los que tenían pasta se hacían su propia torre. ¡Está todo lleno! (y no sólo en Bolonia, es casi generalizado para todo el norte de Italia). Incluso hay una medio caída, que como iba a ser enorme y se empezó a inclinar, pues hicieron otra al lado (habrá 5 metros de separación), la más alta de Bolonia. Eso sí, la vista es impresionante.

Y después de dar una vuelta, pillamos el tren y fuimos a Ferrara, el "pueblo" de Pablo (entre comillas porque son 130.000 habitantes). Allí ocurre una cosa muy curiosa: todo el mundo va en bici, y cuando digo todo el mundo, es todo el mundo. ¡Hasta las abuelas de 90 años! Y hablan por el móvil a la vez, y cuando llueve también llevan el paraguas a la vez; todo un espectáculo. De verdad que no se puede explicar con palabras, eso hay que verlo.
Y nada, dimos una vuelta por allí con la bici (como no podía ser de otra manera), y vimos la ciudad (que también está chula). Lo mejor fue al salir de la catedral: había allí sentado un grupo de españoles (obviamente se veían desde lejos), con la bandera española con el toro, y gritando. Salimos de la catedral y nos gritan "¡eh, capisco!". Me acerco y les suelto "¡pero comportaos un poco, por favor!". Planchados se quedaron; no eran los únicos españoles del lugar.
Y a la hora de cenar, quedamos con sus amigos españoles, para celebrar una cena de despedida. Después fuimos un ratillo a un bar (de los 5 que hay, no es coña), que estaba bastante bien. Además, como en Italia está prohibido fumar en casi todas partes, no tienes que tirar la ropa a la basura cada vez que sales, una gozada. Pero nos quedamos poco rato, que al día siguiente tocaba viaje a Florencia y había que madrugar.

Hoy, viaje a una de las, según dicen, ciudades más bonitas del mundo: Florencia. Y pude comprobar que no se equivocan, ¡es preciosa!
Tras un pequeño incidente en el tren (nuestro billete no se correspondía, pero bueno, el revisor fue amable y no nos multó; menos mal, porque no lo hicimos adrede ESA VEZ*), llegamos a nuestro destino. ¡Y seguía haciendo bueno! Increíble.

Lo malo fue que mucha gente pensó lo mismo que nosotros, y estaba todo hasta arriba. Una kilométrica cola de más de dos horas nos impidió ver los Uffizi; no pasó así con el Palazzo Vecchio, que como también es algo del ayuntamiento, entramos por la puerta del ayuntamiento y nos ahorramos toda la cola (je je). Y tampoco tuvimos mucha cola para el David, menos mal. Eso sí, ahí no permiten hacer fotos; me enteré cuando intenté hacer una (hice una, pero salió mal y tuve que repetirla; ahí fue cuando me pillaron, pero Pablo fue más rápido y la sacó), y me dijeron que no se podía (de verdad que no lo sabía porque sólo lo dicen por megafonía una vez cada mil años, no hay carteles que lo pongan). Dije que vale, que guardaba la cámara, pero me dijeron que para evitar tentaciones... Pensé entonces que me la iban a requisar hasta que saliera del museo, pero nooooooooo, tienen un sistema de seguridad impresionante: te meten la cámara en una bolsa de plástico transparente ¡¡¡y le hacen un nudo!!! Y te la devuelven. ¿¿¿??? (Están locos esos florentinos).
Y bueno, paseamos por allí y vimos muchos sitios. Lo malo fue que a mitad del día se nubló y empezó a chispear; al rato se puso a chuzar, pero poco rato. En ese rato de chuzo fui a una heladería, y probé ¡el mejor helado que he comido en mi vida! De nata y mousse de chocolate... Mmm, si me concentro todavía puedo sentirlo en mi paladar...
Resumiendo, que es todo precioso y está muy bien conservado, da gusto estar allí. Eso sí, como ya he dicho, está de turistas hasta arriba; no me quiero ni imaginar cómo estará en verano.
Para terminar, dos detalles: el primero, que me he dado cuenta de que todos los artistas de esa época estaban salidos perdidos, porque no hay más que gente desnuda; y el segundo, que en toda la ciudad sólo oí hablar italiano al del restaurante y a la de la heladería. ¡Estaba plagado de españoles! Juro que en Salamanca se oye menos español que allí.

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* Más detalles otro día.
No, no me estoy declarando. Hablo de la canción que actualmente tararea todo el mundo, ésa de la campaña que se han inventado los de la MTV para hacerse anti-publicidad. ¿Cómo? ¿Que no sabes de qué va todo esto? ¿Pero en qué mundo vives? Vale, quizá vivas en el mío, porque yo hasta ayer por la tarde no sabía nada de todo esto, pero la Chef Geller me hizo ver la luz. Fuimos a un ciber, y vimos el vídeo de la dichosa canción (puedes verlo en su web, aquí). Pero lo mejor viene ahora: cuando estábamos pagando, le dijo la Chef a los del ciber que me había puesto ese vídeo porque no lo conocía... ¡y uno de ellos se puso a cantar la canción! Lo peor fue que nosotros también nos animamos y cantamos con él... ¡Y ahora se me ha pegado! (Amo a Laaaura, pero esperaré hasta el maaatrimonio...).

La cara del rubio en el vídeo no tiene precio
Nota: Otro día sigo con el viaje a Italia, pero es que creo que esto tenía que contarlo.
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