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Tras el shock de los Happiness, sigo contando mi viaje por Italia.
Sí, ya sé que en estos días he recorrido más kilómetros que en todo el año junto. A lo que voy, que hoy toca viaje a Venecia. ¡Qué ciudad más maravillosa! Es que es diferente a todo lo que puedas haber visto hasta ahora. Esos canales, esas calles estrechas y retorcidas, más canales, las góndolas...

Lo malo: que llegamos y estaba diluviando. Casi literalmente. Total, que nuestra única solución fue comprarnos unos impermeables (como el 99% de los guiris que estábamos allí). ¡Qué malo hacía! Porque además de diluviar hacía un viento increíble, y un frío considerable. Vamos, que un día ideal para hacer turismo.

Pero bueno, sobrevivimos. Tras intentar ir semi-free* en el vaporetto, aunque no coló porque la tía que controlaba los billetes hablaba español, recorrimos el Gran Canal (qué vistas, y qué maravilla) y llegamos a la Plaza de San Marcos. Nos tocó hacer cola bajo el diluvio para poder entrar a la catedral, pero bueno. Tras la catedral, vimos el Palazzo Ducale, que es tan grande que tardamos más de dos horas en verlo, y cuando salimos... ¡había dejado de llover! ¡Menos mal! Aunque seguía haciendo frío, por lo menos no llovía. Así que al fin pudimos hacer turismo decentemente, los vendedores pudieron poner sus puestos en la calle y las palomas volvieron a la plaza. Porque esa plaza es suya; de hecho Pablo asegura que, si el sueño de tu vida es dar una patada a una paloma, estás en el lugar indicado.
Y bueno, como los otros días me he enrollado mucho, ahora seré más breve. Sólo recalcar que esa ciudad es única. Aunque está que se cae (literalmente, ya que se está hundiendo), supongo que por la corrosión, hay que verla. Cada esquina es un lugar para hacer una foto, entre canales, calles, edificios...

Para terminar, lo que más me ha llamado la atención: en casi todas las esquinas de las calles hay carteles para indicar por dónde se va a los sitios principales (la estación, la plaza, el puente de Rialto (ese blanco tan conocido) y alguno más). ¿El motivo? Muy fácil, si no los hubiera aún estaría allí intentando salir. Es una ciudad tan laberíntica, con unas calles tan iguales, y es tan difícil orientarte, que no saldrías de allí nunca; algo parecido al libro "La vuelta a la Galia" de Astérix, cuando los romanos se pierden en un pueblo laberíntico. Pero lo mejor es que en algunas esquinas te manda al mismo sitio en sentidos opuestos; entonces ¿cuál eliges? Pito, pito, colorito...

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* Esto del semi-free ya lo explicaré en el resumen.
Los días en casa de Pablo tocan a su fin, ya que en este día llegaban sus padres para otro tour aún más largo que el mío. Así que alquilamos un coche para ir a Milán a buscarlos, pero por el camino, en Maranello... Venga, aquí va una pista:

¡¡¡La Galleria Ferrari!!! Vamos, que para cualquier friki de los coches como nosotros, es como ir al cielo. Aunque el museo es pequeño y te clavan a la entrada, pero merece la pena. Todo lleno de los Ferraris más míticos.

Además, como al salir del museo íbamos a Módena a dejar a un amigo de Pablo y nos confundimos de camino (las señales allí son lo peor), pasamos junto a la fábrica Ferrari, y vimos las últimas pruebas por carretera de un modelo que está a punto de salir pero que aún no se vende. ¡Exclusiva!
Y bueno, al final llegamos (increíble) a Milán, algo tarde, pero llegamos. Quedamos con Pocho (más conocido por esos lares como Toni), y yo ya me quedé en su casa el resto del viaje.
Un último apunte: ¿por qué digo que es increíble que llegáramos a Milán? Por lo siguiente: allí las autopistas tienen 3 y 4 carriles, pero es que realmente hacen falta; van hasta arriba de tráfico, además los carriles son muy estrechos y entre ambas calzadas sólo hay un pequeño muro digno del peor tramo de la M-30. Y además hay dos inconvenientes: los italianos van a toda pastilla y no miran por los retrovisores. Vamos, ¡que conducen como el culo! ¡Ríete tú de los portugueses! Estuvimos a punto de darnos con uno que nos salió sin mirar cuando íbamos bastante rápido (Pablo dice que a 160, pero yo aseguro que íbamos más deprisa, porque fue cuando se dio cuenta de que llegábamos tarde al aeropuerto y se puso a acelerar); y en otro rato que íbamos semi-trankis, a 150 (veolcidad normal por allí), ¡¡¡nos adelantó un Twingo!!! Sobran las palabras.
Los últimos días de viaje los pasé en Milán, en casa de Pocholo.
El primer día hizo bueno, y los restantes llovió, aunque no exageradamente, así que no puedo quejarme mucho. Eso sí, no subimos al techo de la catedral el día que hizo bueno y luego ya no subimos porque no se veía nada. Una pena.

Sobre los días allí, pues muy bien. Continuó el transporte semi-free, fui de tiendas, vi las tiendas pijas, hice turismo (lástima que la catedral todavía tenga el andamio puesto; por lo demás Milán me ha gustado) y conocí a muchos amigos de Pocho. No salí de fiesta porque no podía con la vida, pero por lo demás hice un montón de cosas.

¿Detalles curiosos? ¡Muchos! El primer día, bajando al metro, Toni echó a correr gritando "¡ese es el nuestro!" y casi me deja allí; menos mal que tengo buenos reflejos. Y fuimos a una pizzería con sus amigos que se llamaba "La playa del mar", así, en castellano. Y fui a una lectura de tesis el último día (sí, yo tampoco me lo explico); ah, al muchacho le dieron sobre cum-laude (bueno, el equivalente allí). Y otro día fui a un "aperitivo", que consiste en que vas a un bareto, pagas 8 euros y te dan una bebida y todo lo que puedas comer (eso en España no podrían hacerlo, porque la gente reventaría antes de parar). Y otros muchos que ahora no recuerdo.
Y el día 10, tras ir a lo de la tesis, tocaba volver a España. Jo, se acababan las vacaciones.
Toni me acompañó al aeropuerto, y cuando llegamos allí estaba diluviando. Tras esperar más de una hora (salimos con retraso, supongo que por el mal tiempo), por fin embarcamos. Pero este viaje no fue como el primero: aparte de dar mil vueltas por Milán y tardar mucho en subir, teníamos lluvia y turbulencias. Vamos, un poco de todo. Menos mal que en cuanto subió por encima de las nubes todo se tranquilizó, y pude contemplar los Alpes todos nevados, precioso.

La foto no es mía, pero es lo más parecido que he encontrado por el Google
Y bueno, tras el aterrizaje (no tan bueno como a la ida, pero aceptable), me llamaron los madrileños, ¡que iban a buscarme al aeropuerto! ¡Qué majos! Así que me evité tener que hacer doscientos transbordos por el metro con el maletón, y además así los vi antes, que hacía mucho que no los veía y los echaba de menos. Tras una súper-cena, a dormir en casa de Luz.
Al día siguiente, Juanjo me hizo compañía toda la mañana, menos mal, porque mi bus no salía hasta por la tarde (a la hora a la que me levanté no pillaba uno por la mañana ni de coña), así que hicimos unos cuantos recados, comimos en el Chessca, estuve en su casa, conocí a su madre, di una vuelta en su nueva bici... Y por la tarde, regreso a Zamora. Se acabó el viaje.
Para el que no le apetezca leerse todo el rollo que he escrito sobre cada día del viaje, un pequeño resumen: es todo precioso, pero hay más españoles que en España.
Bolonia, unos soportales preciosos.
Ferrara, la ciudad de la bici.
Florencia, una ciudad con mucho encanto.
Venecia, una ciudad única.
Milán, la ciudad de la moda. (Claro que no todos sus habitantes la siguen... Di no a la escayola y a las deportivas con el traje).
Eso sí, creo que todavía tienen que ir más españoles manguis para que cambien el sistema de los transportes urbanos. Y es que allí, como dice Pablo, son "semi-free".
Lo explico: resulta que los billetes (que los venden en los kioscos, así que como no lo sepas ya puedes insistir al autobusero/tranviero/el del metro que nanai, él no los vende) valen para 75 minutos desde la primera vez que los validas y puedes hacer todos los transbordos que quieras, por eso no hay que validarlo cada vez que subes. Hay algunos revisores, pero es muy improbable que te pillen. Así que muchas veces vas sin pagar (yo he ido alguna que otra... Oye, yo no tengo la culpa de que el transporte empiece a funcionar antes que los kioscos).
En el metro de Milán es aún mejor: hay un pasillo junto a la cabina del tío de la entrada que no tiene puertas ni nada, ¡y no te pide el billete ni te para ni nada! Un día que íbamos corriendo porque perdíamos el metro pasé por allí corriendo y ni me miró (llevaba billete, ¿o qué pensabas?). En fin... Al final, para evitarme rollos, me pillé un billete de guiri para dos días, que sirve para todos los transportes durante 48 horas; la odisea fue comprarlo a la tía del kiosco del metro con mi fantástico nivel de italiano, ¡pero lo conseguí!
Ah, casi se me olvida: hay más fotos del viaje (pero no todas, ¡que son muchas!) en mi web.
Aparte de en Madrid y en Castilla y León, me he matriculado en Castilla-La Mancha (y si todos los exámenes coinciden, seguramente sea donde me presente). Pero qué odisea, por dos motivos: que había que pagar en Caja Castilla-La Mancha y me tocó ir a Salamanca a pagar porque ese banco no lo hay en todas partes; y que en la solicitud había que rellenar ya la lista de pueblos por orden de preferencia por si apruebas. Así que he estado tres días mapa en mano apuntando habitantes de cada pueblo, carreteras, provincias... ¡Hasta me hice una hoja de Excel para ordenarlo todo! ¡Ahora soy un experto en geografía manchega!
Ya ha salido la lista de los matriculados en Madrid. ¡¡¡Y hay 1900!!! ¿De dónde ha salido tanto loco? ¡Si en la de interinos del año pasado hay menos de la mitad! Vale que muchos no se van a presentar allí (como yo seguramente), pero aún así son muchos. La cosa se pone chunga...
Aquí no hay tanto loco como en Madrid: estamos 600 en la lista. Aún así, tocamos a los mismos por plaza. A ver si no coincide la fecha del examen...
Tras darle muchas vueltas, al final he decidido que 128 Mb no son suficientes para mi cámara. Así que me he comprado esto:

Así que, si ya hacía pocas fotos, ¡temblad! Sobre todo uno que yo me sé que dice que no le gusta salir en las fotos...
Y bueno, que una pena no habérmela comprado antes de ir a Italia (sobre todo teniendo en cuenta que ahora están tiradas de precio), pero más vale tarde que nunca. Además, mañana la estreno. ¿Qué? ¿Que dónde? Ya os lo contaré, ¡no seáis impacientes!
La primera fecha fatídica: examen el 23 de junio, en Madrid. Ya veremos cuando salgan las demás fechas, pero si puedo ir, ese día estaré por los madriles. Ya falta menos de un mes... El fin está cerca.
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